El día que saqué a la nutricionista que llevaba dentro. CONVERSACIONES EN VOZ ALTA. Ep.3

Conversaciones en Voz Alta · Ep. 3

Hace unos días me salió un recuerdo de Facebook.

Era una publicación de hace quince años.

Mi hija mayor, que ahora tiene dieciséis, con apenas dos años. Y yo escribiendo, con esa energía de madre primeriza que comparte todo:

"Ya podéis invitar a mi hija a un aperitivo. Le gustan los espárragos y las alcachofas de bote. Ah, que los padres siempre vamos con ella, de manera que somos tres. Por casa empezamos. ¿¿¿???" — Rebeca, Facebook, 19 de junio de 2011
recuerdo de Facebook con comentarios sobre la hija de Rebeca Pastor comiendo espárragos y alcachofas

Me reí sola delante de la pantalla. Y luego me quedé pensando. Porque detrás de esa foto de una niña de dos años comiendo espárragos en conserva hay una historia que nunca he contado del todo.

Lo que nadie ve detrás de ese momento

Cuando nació mi hija mayor, yo ya era nutricionista. Llevaba años estudiando alimentación y ejerciendo en consulta. Sabía la teoría. Conocía los procesos. Entendía cómo funciona el "aprender a comer" en la infancia.

Y sin embargo. Cuando me convertí en madre, algo cambió. Porque la mirada de madre, esa mezcla de amor, miedo e inseguridad que ningún máster te enseña a manejar, nublaba mis conocimientos.

No es que los perdiera. Es que no podía usarlos de la misma manera. Porque cuando es tu hijo el que está frente al plato, ya no eres nutricionista. Eres madre.

El ingrediente que llevaba incluido siempre en cada momento era el miedo de hacerle daño.

Los contras con los que partíamos

Mi hija nació muy prematura. Los bebés prematuros tienen historias más complejas con la alimentación. Más cautela. Más miedo. Más vigilancia. Y mensajes bien intencionados de: ¡Tiene que comer ya! ¡Dale de comer más! ¡Está en el mismo peso ya un mes y medio!

Y además éramos padres primerizos. Sin red. Sin referentes cercanos. El coctel perfecto para la angustia en la mesa. Lo mejor que teníamos es que tanto mi marido como yo íbamos en la misma dirección. Y hoy todo es como es, gracias a que estuvimos y estamos unidos en esta situación y más allá.

La mirada de madre con miedo, amor e inseguridad puede nublar incluso los conocimientos de una nutricionista. No porque no sepas. Sino porque estás demasiado dentro. Y no te he contado que yo estuve en la UCI ¡Completo Mari Carmen!

Lo que sí hacíamos, sin saber que lo estábamos haciendo

Y aquí viene lo que más me gusta de ese recuerdo. Porque a pesar de todo el miedo, a pesar de la prematuridad, a pesar de ser primerizos… había algo que hacíamos de manera natural.

Los aperitivos en casa eran aperitivos de verdad. Espárragos en conserva. Alcachofas. Aceitunas. Queso. Y ella estaba ahí. En la mesa. Con nosotros. Viendo lo que comíamos.

No lo hacíamos como estrategia. Lo hacíamos porque era lo natural para nosotros, para mi casa, en nuestra vida y ahora familia de tres. Poníamos alimentos nutritivos en la mesa. Y ella los veía. Y un día los tocó. Y otro día los probó. Si te fijas era una exposición repetida sin presión ¡Que estábamos de aperitivo!. Y eso fue suficiente.

El día que saqué a la nutricionista que llevaba dentro

Cuando vi que mi hija cogía los espárragos y se los comía sola, pasó algo dentro de mí. Me relajé. Bueno, decirte que no es que fuera ese momento concreto, pero sí que a partir del año todo empezó a cambiar. Yo ya me encontraba mejor de salud ¡eso hace mucho!

Entonces, entendí que lo que sabía, lo que había estudiado, lo que llevaba años aplicando con otras familias, también funcionaba en casa. También funcionaba aunque yo fuera su madre y no solo su nutricionista. Me emociono porque fíjate ya estaba uniendo en la misma persona a la mujer-madre-nutricionista en todo momento ¡Ole por mí!

Y ese día fue el día en que saqué a la nutricionista que llevaba dentro. No para dejar de ser madre. Para dejar de tener tanto miedo siendo madre. ¿Cómo te has quedado? Pues como yo, loca perdida y con una cosita por dentro que me hizo venirme arriba. ¡Vamos acompañadas, que es mejor!

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Por qué te cuento esto

Porque cada semana me llegan madres que saben la teoría. Que han leído. Que han buscado. Que han probado cosas. Y que aún así sienten que no les funciona. ¿Te suena esto? Mil ventanas de google con búsquedas a las 23:30h de domingo tras pasar un fin de semana de locura.

Y muchas veces lo que está bloqueando no es la falta de información. Es el miedo. Es la mirada nublada de quien quiere tanto a su hijo, que no puede ver con distancia esta situación de desesperación.

Y eso no se resuelve con más información. Se resuelve con acompañamiento.

¿Has tenido alguna vez un momento así? Un momento en que algo pequeño te hizo ver las cosas de otra manera. Cuéntamelo en comentarios.

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Un abrazo apretao y un beso chillao,

Rebeca

Vamos acompañadas, que es mejor 🍉

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