Buenos días con alegría. Este domingo, España se proclamó campeona del mundo por segunda vez y en casa lo celebramos como locos. Pero mientras veía el partido no podía dejar de pensar en una cosa: en la mesa de tu casa pasa exactamente lo mismo que en ese campo.
Y no, no me he vuelto loca. Deja que te lo cuente.
Que mi hijo pruebe alimentos nuevos es, para muchas madres, el partido más difícil de la semana. Si tu peque solo come cuatro cosas y la hora de comer es un pequeño caos, esto va para ti.
Todos vemos el gol. Nadie ve los entrenamientos
Cuando España gana, todos vemos el gol. El momentazo. El abrazo.
Pero nadie ve los cientos de entrenamientos que hubo antes. Las mañanas de frío. Las jugadas repetidas mil veces hasta que salen solas.
Con la comida de tu hijo es igual. El día que por fin prueba el brócoli o cualquier alimento parece magia. Pero ese cambio empezó mucho antes: en la calma, en la confianza, en volver a ofrecer sin obligar aunque dijera que no.
El gol es solo la parte que se ve.
¿Por qué mi hijo no quiere probar alimentos nuevos?
Porque para él un alimento nuevo no es “comida rica”, es algo desconocido que su cerebro interpreta como posible peligro. No es que sea tiquismiquis ni que lo haga para fastidiar: es que necesita sentirse seguro antes de atreverse. Y esa seguridad se construye con encuentros repetidos y sin presión, no con un “pruébalo, que está buenísimo” dicho quince veces en la misma comida. ¿te suena? Me río pensando las caras de las madres y padres cuando dicen ¡Es verdad no decirlo funciona!
La calma es poder también en tu mesa
De la Fuente tiene una frase que me encanta: “la calma es poder”.
Y en la mesa… todavía más.
La presión puede conseguir un bocado hoy. Un “hasta que no te lo acabes no te levantas” que igual funciona una vez. Pero a la larga la presión en la mesa tensa la comida y aumenta el rechazo. Imagino que si estas leyendo esto, es que ya lo has comprobado. No funciona.
La calma, en cambio, puede cambiar la relación de tu hijo con la comida para toda la vida.
No es lo mismo ganar un bocado que ganar un jajajaj “comensal tranquilito”. Y tú vas a por lo segundo ¿verdad?
¿Qué puedo hacer para que pruebe sin obligar?
Crea las condiciones y deja que el tiempo juegue a tu favor. En la práctica: pon el alimento nuevo en el plato sin exigir que lo coma, deja que lo toque, lo huela o lo aparte sin dramatizar mucho, y ofrécelo otro día en otra forma. Come tú lo mismo, con naturalidad. Tu trabajo no es que trague hoy: es que ese alimento deje de dar miedo. El bocado llega después, cuando se siente seguro. Y algo fundamental que nadie ve es saber ¿por qué mi hijo no come o no lo prueba? Esto con ayuda lo averiguamos y sabemos que herramienta es la mejor. Haz el minitest gratuito que tengo y podrás saber en la fase de rechazo que está tu peque y el primer paso real para empezar a solucionarlo.
Lo que puedes entrenar esta semana
Pon el alimento nuevo en el plato sin pedir que lo coma. Que esté ahí, aunque no se lo lleve a la boca, ya es un avance.
Que lo toque, lo huela o lo aparte sin dramatizar. Ofrécelo otro día en otra forma. La repetición sin presión es la que entrena.
Come lo mismo con naturalidad. Tu trabajo no es que trague hoy: es que ese alimento deje de dar miedo.
Por eso me parezco a Luis de la Fuente
Le he dado vueltas y me hace gracia, pero es verdad. Nos parecemos en unas cuantas cosas:
⚽ Construyo confianza antes que resultados. Igual que él da minutos a los jóvenes aunque fallen, yo acompaño a tu peque y a ti, para que vuelva a intentarlo sin miedo a equivocarse.
⚽ No tengo prisa. Él entrenó a esos chavales durante años en categorías inferiores. Sembró mucho antes de recoger. Con la comida, exactamente igual.
⚽ Entreno más que obligo. Él no obliga a marcar goles: entrena una y otra vez para que aparezcan. Yo tampoco obligo a terminar el plato: creo las condiciones para que algún día tu hijo quiera probar. Quien me conoce ¡lo sabe bien, es de mi equipo!
⚽ Celebro el proceso. Que tu peque toque, huela o acerque un alimento nuevo a la boca ya es un golazo. No espero solo el bocado final para celebrar.
Y sé una cosa más: los grandes cambios empiezan siendo invisibles.
El problema nunca fue el brócoli
Esta es la parte que quiero que te lleves a casa.
Cuando tu hijo solo quiere comer lo mismo y montamos el drama con la verdura de turno, ponemos el foco en el sitio equivocado.
El problema nunca fue el brócoli, ni el alimento del plato que toca hoy.
Fue querer jugar la final… sin haber entrenado antes. Pedirle el gol, (¡que se lo coma! En este caso) sin haber hecho todo el trabajo previo de confianza, calma y repetición.
Así que hoy, en la comida, no vayas a por el gol. Ponte en modo entrenadora: prepara el entorno, confía en tu jugador y celebra cada pequeño avance. El marcador se mueve, te lo prometo. Aunque tarde 106 minutos.
🎙️ Te lo cuento también en la radio
Mi intervención semanal en Onda Color. Dale al play y me escuchas mientras haces mil cosas.
Preguntas frecuentes
Empieza por saber en qué punto está tu equipo
Antes de cambiar nada en casa, viene bien saber de dónde partes. En qué minuto de partido estáis.
¿En qué minuto está tu equipo con la comida?
El minitest gratuito te ayuda a ver en qué punto está la relación de tu hijo con la comida y por dónde empezar a entrenar.
Porque esto no se hace de cualquier manera, y tampoco sola.
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Un abrazo apretao y un beso chillao,
Rebeca
Vamos acompañadas, que es mejor 🥦
