Le pregunté a 50 niños qué les venía a la mente al oír ‘alimentación’. Sus respuestas me dejaron sin palabras.

Hace unas semanas entré a un aula de 5º de primaria. Niños de unos 10 años, bien despiertos, con esa energía particular de pensar que ahora no tendrían clase.

En la puerta del salón de actos una chica de pelos rizados (yo) ¿te lo estabas imaginando?dando los «buenos días con alegría». Y todo comenzó.

Les hice una sola pregunta: ¿Qué os viene a la mente cuando oís la palabra 'alimentación'?

Y empezaron a hablar.

niños primaria clase escuchando sobre alimentación publicidad
BigMac. KFC. Pizza. Burger King. Donuts.

Eso es lo que salió primero. Con naturalidad, sin pensarlo. Como quien dice agua o casa.

Me quedé en silencio unos segundos. Porque no era una respuesta equivocada. Era una respuesta honesta. Y eso es lo que más me dejó pensando el resto del día.

Que conste que me gustó su respuesta desde la naturalidad era el objetivo.

Lo que sus respuestas me enseñaron (y lo que dice la ciencia)

Podría haber pensado: ¡qué pena! Podría haberlo tomado como un fracaso colectivo de la educación alimentaria ¿no? ¿Es eso lo que has pensado tú?

Pero lo que vi en ese aula fue otra cosa: vi el reflejo fiel de lo que esos niños tienen delante cada día.

Porque el cerebro aprende por exposición. No por intención. No por lo que los adultos queremos que recuerden, sino por lo que está presente, con frecuencia, en momentos con carga emocional.

Y la publicidad de comida rápida cumple esas tres condiciones a la perfección: está presente siempre, aparece constantemente, y viene envuelta en colores, músicas y personajes que activan el placer. Hasta para los más pequeños encontramos en productos lácteos figuras de dibujitos que adoran. ¿Te suena esto?

contraste comida rápida vs alimentos reales publicidad infantil
📚 Lo que dice la ciencia: Un estudio publicado en Advances in Nutrition en 2026 (Young HA et al., DOI: 10.1016/j.advnut.2026.100648) confirma que la exposición a la publicidad alimentaria no solo influye en las preferencias declaradas de los niños, sino que activa los mismos circuitos de recompensa que cuando nos comemos el alimento de verdad. De manera que no es capricho. Es neurología.

Dicho de otra forma: cuando un niño ve el logo de su cadena favorita, su cerebro ya empieza a segregar dopamina. Antes de comer. Solo de verlo.

Y eso lo cambia todo. Ahora para ¿te pasa a ti también?

A mí sí. Piensa que las nutricionistas también tenemos cerebro 😄

niño viendo publicidad alimentaria en pantalla

¿Significa esto que tenemos que prohibir la tele?

No. Y lo digo con toda la tranquilidad del mundo.

La pregunta no es cómo eliminamos la publicidad de su vida, porque eso sería en otro mundo. Es mejor: ¿cómo equilibramos lo que su cerebro ve y experimenta?

Porque si su mundo está lleno de logos de hamburguesas y vacío de berenjenas o garbanzos, su cerebro aprende que las hamburguesas son la comida y las berenjenas son… ¿qué? ¿Una cosa rara que aparece en el plato sin que la hayas invitado? ¡Fuera berenjena, esta no es mi comida!

La presencia importa. La frecuencia importa. El contexto emocional en el que aparecen los alimentos importa. Vaya tres «importa» que importan.

Aquí entra en juego algo que explico mucho en mi trabajo: si tu peque solo quiere una marca concreta y rechaza todo lo demás, no siempre es un capricho, a veces es una necesidad de control o una respuesta a algo más profundo. Si eso te resuena y te hace reflexionar, puedes leer más en por qué tu peque solo quiere la marca concreta.

Lo que sí puedes hacer desde hoy sin agobios - ¡Que te veo!

No hace falta una revolución total. Hace falta constancia y calma. Aquí van tres cosas concretas:

1
Amplía su diccionario visual de alimentos

¿A que nunca lo habías pensado así como «diccionario visual»? Que los alimentos de verdad estén visibles en casa: en la frutería a la que va contigo, en la compra que ves juntos, en los libros y dibujos animados que le gustan. No como una lección de «tiene que aprender». Sino solo como paisaje cotidiano y habitual de vuestra familia, de vuestra vida.

2
Habla de publicidad con él, con curiosidad

Por ejemplo: ¿Por qué crees que ese anuncio usa un personaje tan divertido? A partir de los 6-7 años, los niños pueden entender el concepto de persuasión si se lo explicamos de forma sencilla. No como una amenaza como juego de detectives. La curiosidad siempre es nuestra aliada.

3
No conviertas la comida en campo de batalla

Cuanto más presionamos, más se activan los mecanismos de defensa y el cerebro se cierra total a lo nuevo. El ambiente relajado, la variedad sin imponer y el ejemplo diario pesan más que cualquier charla nutricional que le demos a los niños.

familia cocinando juntos alimentación saludable niños

Y si estás ya en vacaciones, que es cuando la rutina se rompe y la exposición a pantallas y comida rápida suele dispararse, este artículo sobre qué ocurre con la alimentación en vacaciones puede ayudarte a navegar esta época con menos estrés. ¿Te parece?

Lo que esos 50 niños me dejaron claro

No salí de ese aula pensando que los niños de hoy están perdidos. Salí pensando que tienen delante exactamente lo que nosotros les ponemos. Has leído bien: lo que nosotros les ponemos al alcance de la mano, el ojo y… el cuerpo entero.

Y que los adultos, madres, padres, docentes, profesionales, somos quienes diseñamos ese paisaje. Consciente o inconscientemente.

La buena noticia es que el cerebro aprende en cualquier dirección. El mismo mecanismo que hace que tu peque asocie alimentación con un logo de comida rápida es el que puede hacer que lo asocie con la tarde que preparasteis juntos una pizza en casa o laváis los tomates cherry. Con el mercado del barrio. Con ese tomate del huerto de la abuela que olía diferente.

No se trata de hacer todo perfecto. Se trata de que los alimentos reales también tengan su espacio en tu familia, en tu mesa y en tu vida. Con frecuencia. Con alegría. Sin presión. Con intención.

¿Y el tuyo, qué diría?

Si le hicieras la misma pregunta a tu peque ahora mismo ¿qué crees que respondería primero?

No te lo pregunto para que te preocupes. Te lo pregunto para que tengas un punto de partida.

Porque si hay algo que he aprendido en más de 20 años acompañando familias, es que saber dónde estamos es siempre el primer paso para ir a donde queremos llegar.

Preguntas frecuentes sobre publicidad y alimentación infantil

No es malo en sí mismo, es inevitable. Lo importante es que también conozca y tenga presencia en su vida los alimentos reales. El cerebro aprende por exposición repetida: cuanto más vea y experimente con alimentos variados en contextos positivos y agradables, más fácil le resultará integrarlos en su día a día. No se trata de alejar a tu peque del mundo, sino de enriquecerlo con más referencias. Lo que te decía del diccionario visual de alimentos.
Antes de lo que pensamos. Los niños reconocen logos y marcas desde los 2-3 años, mucho antes de poder razonar críticamente sobre lo que ven. A esa edad, el aprendizaje es principalmente emocional y asociativo: colores, mascotas, dibujos animados, referentes de la familia o amigos. La capacidad de entender que hay una intención persuasiva detrás de un anuncio no aparece de forma sólida hasta los 7-8 años, aproximadamente. Y nosotros los adultos, ya sabes, también caemos en esa intención persuasiva.
Lo más efectivo no es prohibir ni confrontar. Es aumentar la presencia de alimentos reales en su entorno cotidiano, sin presión, sin obligar. Solo que estén ahí, con frecuencia, en momentos positivos. El ambiente en el que come tu peque tiene más influencia de la que parece: si los alimentos reales aparecen en la compra, en la cocina y en la mesa sin dramatismo, su cerebro los va integrando poco a poco. Y quitarle el valor moral a los alimentos, sin «bueno» o «malo», sin «saludable o no saludable».
La publicidad no causa selectividad, pero puede reforzar patrones de rechazo ya existentes en el peque. Un niño con selectividad tiende a sentirse más seguro con lo conocido, y las marcas de comida ultraprocesada son expertas en crear esa familiaridad desde muy pronto. No es la causa, pero sí es un factor a tener en cuenta cuando evaluamos el entorno del niño. Y algo más: ¿Has pensado que ese producto de esa marca tiene el mismo sabor siempre? Traducido a la elección del niño sería: «es seguro para ti, cómelo».
Con curiosidad, no con juicio. Preguntas como «¿Por qué crees que hacen ese anuncio tan divertido? ¿Qué quieren que hagamos al verlo?» abren una conversación con naturalidad. Y permite ¡por favor! que hable, no lo cortes para dar tu opinión. Los niños a partir de los 6-7 años empiezan a entender el concepto de publicidad cuando se les explica en su lenguaje. No hace falta prohibir ni alarmarse hace falta acompañar.

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Un abrazo apretao y un beso chillao,

Rebeca

Vamos acompañadas, que es mejor 🍅

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