Hace unas semanas entré a un aula de 5º de primaria. Niños de unos 10 años, bien despiertos, con esa energía particular de pensar que ahora no tendrían clase.
En la puerta del salón de actos una chica de pelos rizados (yo) ¿te lo estabas imaginando?dando los «buenos días con alegría». Y todo comenzó.
Les hice una sola pregunta: ¿Qué os viene a la mente cuando oís la palabra 'alimentación'?
Y empezaron a hablar.
BigMac. KFC. Pizza. Burger King. Donuts.
Eso es lo que salió primero. Con naturalidad, sin pensarlo. Como quien dice agua o casa.
Me quedé en silencio unos segundos. Porque no era una respuesta equivocada. Era una respuesta honesta. Y eso es lo que más me dejó pensando el resto del día.
Que conste que me gustó su respuesta desde la naturalidad era el objetivo.
Lo que sus respuestas me enseñaron (y lo que dice la ciencia)
Podría haber pensado: ¡qué pena! Podría haberlo tomado como un fracaso colectivo de la educación alimentaria ¿no? ¿Es eso lo que has pensado tú?
Pero lo que vi en ese aula fue otra cosa: vi el reflejo fiel de lo que esos niños tienen delante cada día.
Porque el cerebro aprende por exposición. No por intención. No por lo que los adultos queremos que recuerden, sino por lo que está presente, con frecuencia, en momentos con carga emocional.
Y la publicidad de comida rápida cumple esas tres condiciones a la perfección: está presente siempre, aparece constantemente, y viene envuelta en colores, músicas y personajes que activan el placer. Hasta para los más pequeños encontramos en productos lácteos figuras de dibujitos que adoran. ¿Te suena esto?
Dicho de otra forma: cuando un niño ve el logo de su cadena favorita, su cerebro ya empieza a segregar dopamina. Antes de comer. Solo de verlo.
Y eso lo cambia todo. Ahora para ¿te pasa a ti también?
A mí sí. Piensa que las nutricionistas también tenemos cerebro 😄
¿Significa esto que tenemos que prohibir la tele?
No. Y lo digo con toda la tranquilidad del mundo.
La pregunta no es cómo eliminamos la publicidad de su vida, porque eso sería en otro mundo. Es mejor: ¿cómo equilibramos lo que su cerebro ve y experimenta?
Porque si su mundo está lleno de logos de hamburguesas y vacío de berenjenas o garbanzos, su cerebro aprende que las hamburguesas son la comida y las berenjenas son… ¿qué? ¿Una cosa rara que aparece en el plato sin que la hayas invitado? ¡Fuera berenjena, esta no es mi comida!
La presencia importa. La frecuencia importa. El contexto emocional en el que aparecen los alimentos importa. Vaya tres «importa» que importan.
Aquí entra en juego algo que explico mucho en mi trabajo: si tu peque solo quiere una marca concreta y rechaza todo lo demás, no siempre es un capricho, a veces es una necesidad de control o una respuesta a algo más profundo. Si eso te resuena y te hace reflexionar, puedes leer más en por qué tu peque solo quiere la marca concreta.
Lo que sí puedes hacer desde hoy sin agobios - ¡Que te veo!
No hace falta una revolución total. Hace falta constancia y calma. Aquí van tres cosas concretas:
¿A que nunca lo habías pensado así como «diccionario visual»? Que los alimentos de verdad estén visibles en casa: en la frutería a la que va contigo, en la compra que ves juntos, en los libros y dibujos animados que le gustan. No como una lección de «tiene que aprender». Sino solo como paisaje cotidiano y habitual de vuestra familia, de vuestra vida.
Por ejemplo: ¿Por qué crees que ese anuncio usa un personaje tan divertido? A partir de los 6-7 años, los niños pueden entender el concepto de persuasión si se lo explicamos de forma sencilla. No como una amenaza como juego de detectives. La curiosidad siempre es nuestra aliada.
Cuanto más presionamos, más se activan los mecanismos de defensa y el cerebro se cierra total a lo nuevo. El ambiente relajado, la variedad sin imponer y el ejemplo diario pesan más que cualquier charla nutricional que le demos a los niños.
Y si estás ya en vacaciones, que es cuando la rutina se rompe y la exposición a pantallas y comida rápida suele dispararse, este artículo sobre qué ocurre con la alimentación en vacaciones puede ayudarte a navegar esta época con menos estrés. ¿Te parece?
Lo que esos 50 niños me dejaron claro
No salí de ese aula pensando que los niños de hoy están perdidos. Salí pensando que tienen delante exactamente lo que nosotros les ponemos. Has leído bien: lo que nosotros les ponemos al alcance de la mano, el ojo y… el cuerpo entero.
Y que los adultos, madres, padres, docentes, profesionales, somos quienes diseñamos ese paisaje. Consciente o inconscientemente.
La buena noticia es que el cerebro aprende en cualquier dirección. El mismo mecanismo que hace que tu peque asocie alimentación con un logo de comida rápida es el que puede hacer que lo asocie con la tarde que preparasteis juntos una pizza en casa o laváis los tomates cherry. Con el mercado del barrio. Con ese tomate del huerto de la abuela que olía diferente.
No se trata de hacer todo perfecto. Se trata de que los alimentos reales también tengan su espacio en tu familia, en tu mesa y en tu vida. Con frecuencia. Con alegría. Sin presión. Con intención.
¿Y el tuyo, qué diría?
Si le hicieras la misma pregunta a tu peque ahora mismo ¿qué crees que respondería primero?
No te lo pregunto para que te preocupes. Te lo pregunto para que tengas un punto de partida.
Porque si hay algo que he aprendido en más de 20 años acompañando familias, es que saber dónde estamos es siempre el primer paso para ir a donde queremos llegar.
Preguntas frecuentes sobre publicidad y alimentación infantil
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Un abrazo apretao y un beso chillao,
Rebeca
Vamos acompañadas, que es mejor 🍅
