El domingo por la noche ya tengo angustia por las cenas de la semana. ¿Te pasa?

El domingo por la noche ya tengo angustia por las cenas de la semana. ¿Te pasa?

Son las nueve de la noche del domingo.

La semana aún no ha empezado.

Tu hijo está durmiendo. La casa está en calma.

Y tú ya estás pensando en el lunes.

No en el trabajo. No en las actividades.

En las cenas. En los almuerzos. En si habrá pelea mañana. En si quedan macarrones.

En si podrás aguantar sin perder los nervios cuando aparte el plato por decimoquinta vez.

Esa angustia anticipatoria que aparece el domingo por la noche tiene nombre.

Y tiene solución. Pero primero quiero que sepas algo importante: no estás exagerando.

No eres dramática.

Lo que sientes es una respuesta completamente normal ante una situación que se repite día tras día sin que nadie te haya dado herramientas reales para manejarla.

Cada madre y cada padre que llegan presentan esta angustia de domingo.

Madre intentando convencer a su hijo para que coma

Por qué ocurre esto

El cerebro aprende por repetición.

Y actúa por órdenes que le damos.

Si cada día la hora de la comida acaba en tensión, en negociaciones, en lloros, en platos apartados, el cerebro empieza a anticipar ese resultado antes de que ocurra.

Es un mecanismo de protección.

Tu sistema nervioso intenta prepararte para lo que sabe que viene.

El problema es que esa anticipación llega antes de que empiece la semana.

Y agota antes incluso de sentarte a la mesa.

Y claro, luego ordena que hagas lo que no nos conviene.

Te cuento.

Lo que pasa en la mesa cuando llegas así

Cuando te sientas a comer con esa angustia encima, tu cuerpo lo sabe.

Tu tono de voz cambia. Tu mirada cambia. Tu postura cambia.

¿Te ves identificada?

Seguro que ahora me dices: “¡Rebeca, pero no se me nota!”.

Jajaja, perdona que me ría.

No se nos nota, y me incluyo, se huele a la legua.

Tu hijo tiene un sistema nervioso extraordinariamente sensible a las señales de los adultos.

Y sí: también nota tu angustia. ¡Y la huele!

Un sistema nervioso en alerta no explora.

No prueba.

No avanza.

Así que la angustia del domingo se convierte, sin querer, en un factor más que dificulta lo que más quieres conseguir.

Tres cosas que puedes hacer esta semana

¿Te atreves?

Plantéate: ¿qué puedes ganar?

Venga, empatiza con tu hijo y vamos.

1. Nombra lo que sientes antes de sentarte a la mesa

No a tu hijo.

A ti misma, o a tu pareja.

“Hoy vengo tensa.”

Nombrarlo no lo elimina, pero sí reduce su intensidad.

Al menos ya empiezas a ponerle nombre.

2. Decide de antemano cuál es tu única regla de la semana

Una sola.

Por ejemplo:

“Esta semana no haré comentarios sobre lo que come o deja de comer.”

3. Separa el resultado de tu éxito como madre

Que tu hijo coma poco hoy no significa que lo estés haciendo mal.

Significa que tu hijo come poco hoy.

Son dos cosas distintas.

Esto puedes tatuártelo en el centro más cercano a tu casa, para que lo veas todos los días en tu piel.

¡Todavía no lo he visto, pero me encantaría!

Cuándo la angustia es una señal de que necesitas más

Si llevas meses sintiendo esto cada semana.

Si el momento de la comida se ha convertido en el peor momento del día de forma sostenida.

Si sientes que ya has probado de todo y nada cambia.

Eso no es un problema de actitud.

Es una señal de que la situación necesita una mirada profesional.

Minitest gratuito para familias

El primer paso es entender qué está pasando con la alimentación de tu peque.

Porque no todos los niños rechazan, comen poco o se bloquean por las mismas razones.

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Un abrazo apretao y un beso chillao,

Rebeca

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