Hay familias que ven una piña. Yo veo otra cosa. CONVERSACIONES EN VOZ ALTA Ep.1

Conversaciones en voz alta · Episodio 1

Buenos días con alegría familias.

Hoy estreno algo nuevo por aquí: Conversaciones en voz alta. Son esos pensamientos que me rondan mientras trabajo, mientras vivo, mientras observo. Los que normalmente se quedan en mi cabeza y he decidido que ya era hora de compartirlos con vosotras. Porque igual os resuenan.

Y para estrenar, os cuento lo que pensé el otro día viendo a mi hija cortar una piña.

El otro día estaba viéndola ahí, con el cuchillo, concentrada. Y tuve uno de esos pensamientos que aparecen sin avisar. De los que no puedes ignorar. De los que te quedas mirando al aire un momento antes de volver a lo que estabas haciendo. ¿O soy la única a la que le pasan estas cosas?

Porque mientras ella cortaba una fruta... yo no veía una fruta.

Lo que ve una persona normal

Una niña. Una piña. Una merienda. Fin.

Lo que veo yo

Yo veía una niña que se sentía capaz. Veía sus manos manejando algo con confianza, con arte. Su concentración. Su orgullo silencioso cuando terminó.

Y pensé: cuando un niño se siente capaz ocurren cosas maravillosas. Empieza a atreverse. A probar. A equivocarse sin drama. A insistir. A descubrir.

Y esa sensación de "puedo" no se queda en la cocina. Se va con él al colegio, al parque, a la vida.

Porque educar la alimentación nunca ha sido solo cuestión de comida. Siempre lo digo: que nuestros hijos sepan alimentarse es libertad en la vida. (Otro día tenemos una Conversación en voz alta sobre lo que significa realmente "alimentarse" — ya os aviso que da para mucho.)

Esto me pasa constantemente

Hace unos días estaba sentada en el césped de un parque de Madrid con varias familias. Y vi una cereza. Pero tampoco vi una cereza.

Vi a un niño que se la acercó a la boca por primera vez. Que la olió. Que dudó. Que se la metió. Y que cogió dos más. Estuvo jugando con las tres cerezas en la boca.

Y vi a su madre contener la respiración y casi se le salen los ojos de las órbitas.

Y después vi un Saturno tatuado en el brazo de su padre. Hecho con el jugo de esa misma cereza. Porque al niño le encantan los planetas.

Y tampoco era un Saturno. Era un padre celebrando una pequeña gran victoria de su hijo. Sin palabras. Sin aspavientos. Con un tatuaje de fruta y una sonrisa que no cabía en la cara.

Qué emoción en ese momento. Por cierto, que se ha repetido en casa después. ¡Ole!

Después de más de 20 años

La gente piensa que llevo más de 20 años observando cómo comen los niños. Y es verdad. Pero sobre todo llevo más de 20 años observando cómo crecen. Cómo ganan confianza. Cómo aprenden. Cómo se relacionan con el mundo a través de algo tan cotidiano como sentarse a la mesa.

La comida casi nunca es solo comida. Es el escenario donde los niños aprenden que el mundo es seguro. O no. Donde aprenden que pueden equivocarse. O no. Donde aprenden que su cuerpo merece respeto. O no.

Me emociono hasta escribiendo. Porque cuando recibo mensajes tan bonitos como estos... vale la pena pintarme los labios con yogur. O ponerme a cantar con los niños desde su cocina también.

Testimonios familias My Personal Food - Rebeca Pastor Nutricionista Infantil

Lo que me han enseñado las familias

Las familias me llegan preocupadas porque su hijo no come pescado. Y acabamos hablando de paciencia. De autonomía. De expectativas. De confianza. De emociones.

Ya no veo platos vacíos. Veo historias. Ya no veo rabietas en la mesa. Veo niños que todavía no tienen palabras para decir lo que sienten. Ya no veo madres que no saben. Veo madres que se han quedado sin recursos y necesitan que alguien les muestre otros.

"¡Rebeca disculpa la hora (23:30h de la noche de un martes) ha comido dos trozos de pescado tan contento él solo! ¡Ah y con dos trozos de aguacate! Esta misma noche, estamos muy contentos." — Papá de un niño de casi 4 años

Por eso sigo

Quizá por eso sigo disfrutando tanto de este trabajo después de más de dos décadas. Creo que es claro ejemplo de mi apodo: ¡Cuarentona molona!

Porque detrás de una piña puede esconderse una lección de confianza. Detrás de una cereza puede esconderse una historia de valentía. Y detrás de una comida cualquiera puede esconderse un niño aprendiendo quién es.

Y eso... eso siempre será mucho más que comida.

¿Y tú? ¿Cómo estás viendo la mesa de tu casa ahora mismo?

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Vamos acompañadas, que es mejor.

Un abrazo apretao y un beso chillao,

Rebeca 🥦

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