La vez que confundí cabezonería con miedo CONVERSACIONES EN VOZ ALTA Ep.4

Conversaciones en Voz Alta · Ep. 4

Te va a sonar esto, seguro.

"¿Quieres probar el melón?" No. "¿Bajamos al parque?" No. "¿Nos bañamos en la piscina?" No.

Y dos segundos después, están mordiendo el melón. O en la puerta de casa diciendo "nos vamos". O quitándose los zapatos para meterse en el agua.

¿A que sí? Jijiji.

Cuántas veces habrás escuchado (o dicho) eso de "qué cabezona es esta niña". Yo también lo pensé, al principio. Interpretaba esos noes como un pulso, como si tuviéramos que ganar la partida. Y me equivocaba.

El "no" a los 2-3 años no significa lo que creemos

A esta edad el "no" no es una respuesta. Es una manera de decir "existo, decido, tengo el control de algo en un mundo donde deciden por mí casi todo". No es que no quieran el melón. Es que necesitan decir que no antes de poder decir que sí. El cuerpo va después. Y el cuerpo, casi siempre, dice la verdad.

Así que no era cabezonería. Era la única forma que tenía mi peque de sentir que decidía algo. Y fíjate que eso, en cuanto lo entiendes, también te da paz a ti.

Pero hay otro "no" distinto. Y ese sí que lo fabricamos nosotros, sin querer

Aquí viene la parte que de verdad quiero que te lleves hoy.

Muchas familias les dan de comer a sus hijos lo mismo que comen ellos. Puré, tortilla de patatas... y, con toda la buena intención del mundo, le meten dentro un alimento nuevo sin decirlo. Calabacín, por ejemplo. El peque se lo come. Entero. Sin rechistar.

Y entonces llega la pregunta fatal: "¿te ha gustado, hijo?" Y como sabes que llevaba calabacín, casi sin querer añades: "¿sabes que llevaba calabacín?"

Respuesta del niño: "NOOO."

¿Cómo que no, si se lo acaba de comer entero y encantado?

Eso es la negación cognitiva. El niño no está valorando el calabacín en ese momento. Está contestando desde lo que ya tiene asumido: "el calabacín, o la verdura en general, no me gusta." Responde desde la etiqueta, no desde lo que realmente acaba de vivir su boca.

Cuando en nuestras preguntas ya damos por hecha la respuesta,"¿a que esto no te gusta?", "tú de esto no comes, ¿verdad?", sin darnos cuenta reforzamos esa etiqueta en el peque. Nosotros mismos, sin querer, se la ponemos más difícil.

Y cuanto más mayor es el niño, más asentada está esa negación. Pero, ¡ojo!, tiene solución. Se puede trabajar. Eso sí, no centrándonos primero en que se lo lleve a la boca, necesita confiaaaanza primero. La boca llega después de la confianza, no antes.

Qué puedes hacer tú, mamá o papá, desde hoy

No preguntes dando ya la respuesta por hecha. En vez de "esto no te gusta, ¿verdad?", prueba con algo abierto: "¿qué te ha parecido esto?"

No corrijas la respuesta del peque con el dato que tú sabes ("pero si te lo has comido entero"). Eso genera contradicción, no apertura.

Y sobre todo: dale tiempo. La confianza no se construye en una comida. Se construye en semanas de pequeños gestos sin presión.

Si sientes que en tu casa el "no" ya se ha convertido en la respuesta automática a casi todo lo nuevo, el curso De Batalla a Calma en la Mesa es un buen primer paso — está pensado justo para eso: reconstruir la confianza antes que la cantidad de bocados.

¿Te ha pasado esto de la negación cognitiva sin darte ni cuenta? Cuéntamelo en comentarios, seguro que no eres la única. ¡Vamos acompañadas, que es mejor!

De Batalla a Calma en la Mesa

Si el "no" se ha convertido en la respuesta automática de tu casa, este curso te da el primer paso: reconstruir la confianza antes que la cantidad de bocados.

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Un abrazo apretao y un beso chillao,

Rebeca

Vamos acompañadas, que es mejor 🥒

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