Estás en el parque. Adoro ponerte en situación y dar el contexto porque esto es justamente lo que necesitan los niños, ¡que los ubiquemos para conectar!
Te sigo contando: estás en el parque, charla tranquila con otras madres, los niños jugando. Y entonces, sin venir a cuento, en 3, 2, 1... llega la frase: "¡Uy, pues el mío come de todo!"
Y tú sonríes. Dices algo tipo: "¡qué suerte!" Pero por dentro te da una cosa, como un tragar de saliva incómoda.
Esa frase, tan corta, es de las que más duele. Y quiero hablarte de por qué.
Por qué duele tanto esa comparación
No duele por la frase en sí. Duele porque toca justo donde ya estás más sensible. Llevas meses o años preocupada por la comida de tu hijo. Y esa frase, sin querer, te dice: a otros esto no les cuesta nada.
Y ahí es donde entra la pregunta que de verdad te hace daño: ¿qué estoy haciendo mal yo?
Spoiler: probablemente nada.
Lo que esa frase no cuenta
Cuando alguien dice: "el mío come de todo", casi nunca está contando toda la historia. No cuenta las noches que ese niño solo comió pan. No cuenta que "de todo" significa cuatro alimentos que se repiten siempre. No cuenta las rabietas de los dos años que ya se les olvidaron.
La comparación siempre se hace con la versión resumida y bonita de la vida del otro. Nunca con la completa.
Qué le puedes responder, sin dar explicaciones de más
No necesitas justificarte, ¿escuchaste? ¡No necesitas justificarte! No le debes una explicación de la historia completa de tu hijo a alguien en el parque. ¿Crees que te ayudará su respuesta? Por la experiencia de más de 20 años trabajando, veo que esto lo único que ha generado es aumentar la angustia y la culpabilidad de la madre o el padre. Y como digo en mi libro "¡Eso no me guta!" 30 claves para que tu hijo se atreva a probar nuevos alimentos, nos dan muchas lecciones pero pocas soluciones.
Si quieres profundizar en esto, lo cuento con más detalle en mi libro "¡Eso no me guta!" 30 claves para que tu hijo se atreva a probar nuevos alimentos.
Aquí van tres frases que puedes tener preparadas, según quién te compare.
Si es la abuela o un familiar cercano: "Ya lo sé, cada niño va a su ritmo, y el suyo va bien." Corto, sin abrir debate.
Si es otra madre en el parque: "Qué bien por el tuyo." Y cambias de tema. No le debes explicaciones a alguien que no va a estar en las cenas de tu casa.
Si es el pediatra o el nutricionista infantil, alguien que sí necesita información real, ahí sí merece la pena contar la situación con detalle, porque esa persona puede ayudarte de verdad. No es lo mismo cerrar una conversación de parque que hablar con quien puede acompañarte.
El riesgo silencioso: que se te cuele en casa
Aquí va lo importante. A veces esa comparación no se queda en el parque. Se cuela en tu propia mesa, sin que te des cuenta. Empiezas a exigir un poco más. A insistir un poco más. A comparar tú también, aunque sea en tu cabeza.
Y eso sí que puede hacer daño de verdad, no la frase de la otra madre, sino lo que tú, sin querer, empiezas a hacer con tu hijo por culpa de esa frase.
Quizás también te interese
Mi hijo no quiere comer: qué hacer sin obligar ni convertir la mesa en una batalla
Lo que sí ayuda
Recuerda que tu punto de comparación válido y efectivo es tu propio hijo, no el de al lado, no el del parque, no su primo. ¿Ha mejorado algo, aunque sea pequeño, en las últimas semanas? Esa es la pregunta que importa.
Si necesitas una foto clara de en qué punto está tu hijo ahora mismo, sin comparaciones con nadie más, el minitest gratuito te la da en menos de 2 minutos.
Preguntas frecuentes
¿En qué punto está tu hijo con la alimentación?
El minitest gratuito te da una orientación muy clara en menos de 2 minutos.
Sin tecnicismos. Sin culpa. Solo para saber dónde estáis y por dónde empezar.
Gratis · Menos de 2 minutos · Sin compromiso
Un abrazo apretao y un beso chillao,
Rebeca
Vamos acompañadas, que es mejor 🍅
