Lo que aprendí limpiando puré del suelo, otra vez. CONVERSACIONES EN VOZ ALTA Ep.5

Conversaciones en Voz Alta · Ep. 5

Hay sesiones que no salen como las planeas.

Esta tampoco.

Estaba trabajando con un niño y su familia. Y en un momento de la sesión el puré dejó de estar en el plato.

Fue al suelo. A las manos. Al brazo. Al codo.

Y yo estaba ahí, agachada, limpiando, pensando: ¡toma ya!

Mientras limpiaba, y esto es lo que quiero contarte, estaba sonriendo.

Por qué el puré en el suelo no es un desastre

Que es lo que pensaban sus padres en ese momento.

Cuando una familia me manda una foto del suelo manchado, la mayoría llega con un mensaje parecido:

"Rebeca, esto es un desastre, ¿verdad?"

No.

Es un paso. Y un paso importante.

Antes de que un alimento entre por la boca, tiene que dejar de dar miedo en las manos y en los pies. 😄 Y antes de que no dé miedo en las manos, tiene que aparecer con normalidad en el entorno. En la mesa. En el plato. En el suelo a veces.

El cerebro no aprende a comer por obligación. Aprende por exposición. Y la exposición más potente no es la que ocurre en la boca. Es la que ocurre mucho antes.

Las manos primero. La boca, cuando haya seguridad. Siempre en ese orden.

Las manos primero. La boca, cuando haya seguridad.

Eso es lo que le expliqué a la familia ese día.

Que el camino hacia aceptar un alimento nuevo no empieza en la boca. Empieza mucho antes.

Empieza en la vista. En el olfato. En las manos. En el brazo. En el codo. En el hombro.

Cuando un niño toca un alimento sin la presión de tener que tragarlo, su sistema nervioso recibe un mensaje muy diferente al de "tienes que comerlo":

Este alimento existe. Está aquí. No pasa nada por tocarlo.

Y eso, ese mensaje tan simple, es lo que abre la puerta.

No el truco. No la negociación. No el premio al final.

La presencia repetida del alimento sin expectativa de ingesta.

La letra en la mano

Y entonces pasó algo que no estaba en el guion.

Se me ocurrió pedirle al niño que pintara una letra en su mano con el dedo.

Con el dedo manchado de puré.

Solo una letra. La suya.

Y lo hizo.

Despacio. Con cuidado. Con esa concentración que tienen los niños cuando algo les interesa de verdad.

Y en ese momento, mientras él miraba la letra que había trazado en su propia piel, el puré dejó de ser una amenaza.

Fue suyo.

Lo había usado. Lo había convertido en algo con sentido para él.

Y eso es exactamente lo que busco en cada sesión. No que coman. Que el alimento pierda el miedo. Que se convierta en algo familiar. En algo propio.

La boca llega después. Siempre llega después.

Lo que aprendí limpiando el suelo

Que los avances más grandes a veces tienen muy mala pinta.

Porque ¡es que eso no es así como me lo han contado! ¿Te suena? A muchas familias les han dicho que lo sienten, que el niño abra la boca y que metan la cuchara. Que se repita.

Más lecciones y pocas soluciones. No me cansaré de decirlo.

Que una sesión con puré en el suelo, en las manos y en el brazo puede ser más valiosa que diez sesiones perfectamente ordenadas.

Que cuando un niño pinta una letra con el dedo manchado de comida, algo cambia en su cerebro que no se puede forzar, no se puede apresurar y no se puede comprar.

Solo se puede acompañar.

· · ·

La próxima vez que tu peque juegue con la comida, antes de limpiar, respira.

Puede que esté dando un paso enorme.

¿Ha tenido tu hijo alguna vez un momento así, algo que parecía un desastre y resultó ser un avance? Cuéntamelo en comentarios. 💙

¿Y en tu mesa? ¿Sabes en qué paso está tu peque?

Antes de la boca viene todo lo demás.
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Un abrazo apretao y un beso chillao,

Rebeca

Vamos acompañadas, que es mejor 💙

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