Ayer me escribió una madre desesperada. Su hijo comía pan, sopa sola, macarrones con aceite, leche, galletas… y alguna cosita más. Poco más. Estaba preocupadísima por si tenía carencias, agotada de no saber qué hacer. Le hablé de acompañarla, de ponernos a ello… y entonces soltó una frase que llevo desde ayer dándole vueltas:
“Rebeca, es que en septiembre yo ya no voy a poder hacer nada… porque empieza el comedor de la escuela infantil.” – Mamá de un peque a punto de empezar el cole
Lo decía con pena, como quien cierra una puerta antes de abrirla. Como si, en cuanto empezara el comedor, la comida de su hijo dejara de estar en sus manos y a ella ya no le quedara nada por hacer. Y no lo cuento para señalarla, todo lo contrario: lo cuento porque esa creencia la tienen muchísimas familias, y quiero ayudarte a mirarla con otros ojos.
El comedor no te quita el papel. Sigues siendo tú.
Entiendo de dónde viene. Pensamos que comer es “lo del mediodía”, y que si ese rato pasa a ser en la escuela, el asunto se resuelve (o se pierde) allí. Muchas familias necesitan el comedor por trabajo, y es una ayuda enorme, sin culpa ninguna. Pero de ahí a creer que una vez empieza el comedor ya no hay nada que hacer en casa… hay un mundo.
Porque esto es lo que casi nadie os cuenta: aprender a comer no se hace en el comedor. Se hace en casa. Lo que a un peque le cuesta en casa, fuera no aparece por arte de magia. Y lo que construimos en casa -probar sin miedo, variar, disfrutar- es lo que tu hijo se lleva puesto al comedor. El comedor no sustituye tu acompañamiento: lo necesita.
Y ojo, que esto no va contra el comedor. Hay comedores maravillosos que trabajan la comida desde un enfoque educativo y respetuoso, y ojalá cada vez más. De hecho, en mi libro ¡ESO NO ME GUSTA! 30 claves para que tu hijo se atreva a probar nuevos alimentos le dedico una clave entera al comedor, porque da para mucho. Pero incluso en el mejor de los comedores, lo de fondo no cambia: aprender a comer se construye en casa.
Te dejo dos artículos donde lo desarrollo con calma: el comedor escolar y la alimentación infantil y qué hacer si no come en el colegio.
El comedor no te releva. Tú sigues siendo la clave, empiece o no el cole. Y no hace falta esperar a septiembre para empezar: el verano es la mejor ventana.
Por qué a veces sí comen en el comedor (y en casa no)
Quizá te ha pasado ya con la mayor, o te lo han contado: en el comedor comen cosas que en casa ni miran. Y no, no es que te tomen el pelo. Tiene explicación. En el comedor hay otros niños comiendo lo mismo (ver a los iguales tira muchísimo), hay rutina, hay hambre a su hora… y, sobre todo, no hay carga emocional: nadie les mira el plato con angustia, nadie les suplica un bocado.
Y esto, más que asustarte, quiero que te dé esperanza: si en un sitio puede, es que puede. No le falta capacidad. Lo que necesita es que en casa recreemos algo de esa calma y esa naturalidad. Y para eso, insisto, no hace falta esperar al comedor.
El verano como ventana de oportunidad
Aquí está la buena noticia para esa madre y para ti. El verano es un regalo y casi no nos damos cuenta: menos prisa, menos despertador, más tiempo para cocinar juntos, para comer sin reloj, para que te ayude a lavar la fruta o a poner la mesa. Es el escenario perfecto para acercar a tu peque a la comida desde la curiosidad y no desde la obligación.
Así que la frase no era “en septiembre ya no podré”. Era justo al revés: tienes todo el verano por delante para empezar. Si tu hijo va a comer en el comedor, mejor todavía, porque puedes usar estas semanas para acompañarlo a probar alimentos nuevos, a ampliar variedad, a que al menos pruebe lo que hay en tu plato, a tener una relación sana con la comida. Cuando llegue el comedor, no llegará de cero: llegará con camino andado.
Eso sí, sin convertir el verano en un campamento de “vamos a arreglar esto ya”. Nada de presión. Más presencia, más ejemplo, menos batalla. El objetivo no es que coma más este mes; es que se lleve mejor con la comida. Lo demás viene detrás.
Y si estás como esa madre -sin saber por dónde empezar, con miedo a las carencias-, lo primero es entender qué le pasa exactamente a tu peque: no es lo mismo miedo, que carácter, que un desafío sensorial, que una etapa.
Antes de que llegue septiembre, entiende qué le pasa
No hace falta esperar al comedor para empezar. El minitest gratuito te da
una primera orientación sobre tu peque en menos de 2 minutos.
Y si quieres que os acompañe de verdad en esto…
El 14 de septiembre abro nueva edición de “Mucho más que comida”, mi acompañamiento en grupo reducido (porque merecéis atención de verdad): 6 semanas juntas + de regalo 1 mes en “La Compañía”. Justo a tiempo para empezar el curso, y el comedor, acompañadas.
Ver “Mucho más que comida” →Nos vemos en la próxima conversación en voz alta. Y este verano, recuerda: aprender a comer empieza en casa, no en el comedor.
Muchas gracias por llegar hasta aquí. Me encantaría leerte en comentarios: ¿tú también estás esperando a septiembre?
Un abrazo apretao y un beso chillao,
Rebeca
Vamos acompañadas, que es mejor 💙
